¿Huyes o mejoras?

Hoy te voy a contar una historia. Quiero que entres en ella totalmente, que te pongas de parte de alguno de los personajes, que imagines, que te identifiques, que tomes perspectiva, que busques posibles soluciones.

¡Vamos allá!

Era una tarde aparentemente tranquila. Un día soleado, sin demasiada novedad en el trabajo, pero Juan se sentía tremendamente nervioso. No podía controlar su cuerpo, temblaba, sudaba, el corazón le iba a mil por hora. Se intentaba concentrar en el trabajo y a ratos lo conseguía, cuando tenía que trabajar se le olvidaba todo, pero cuando paraba un minuto volvían los nervios. Más que nervios se trataba de inquietud, le dolía el cuerpo y se sentía muy cansado. 

Así llevaba unos cuantos meses. Juan analizaba constantemente sus pensamientos, se sometía continuamente a una presión sobre la ejecución y toma de decisiones sobre aspectos de su vida. Se juzgaba por haber fallado aquel día y haberse olvidado de que tenía que llamar a un amigo. Se juzgaba por no gustar a aquel compañero de trabajo cuando con el resto tenía buena relación. Se juzgaba por no conseguir aquel cliente cuando había hecho todo lo que se suponía que tenía que hacer. Todo lo que no salía como supuestamente tenía que salir se lo echaba a la cara. Se enfadaba consigo mismo. Así que decidió visitar a un psicólogo para que le ayudara.

– ¡Buenos días, Juan!

– Buenos días.

– Dime, ¿Qué te trae por aquí?

– Pues que llevo unos días encontrándome mal. Con mucha inquietud. 

– ¿Y eso por qué? ¿Pasó algo estos días qué pueda justificarlo?

– No, realmente no entiendo porque estoy así. 

– Me comentas que te notas inquieto. Entiendo que tienes una sensación de nervios, dolor corporal o en el pecho, problemas al respirar, agobio…

– Si, así es. 

– ¿A qué te dedicas, Juan?

– Soy abogado. 

– ¿Tienes familia? ¿Vives solo, con pareja, hijos?

– Mi familia no vive aquí y estoy soltero. Vivo solo. 

– Y ¿en qué ocupas el tiempo libre?

– Pues no tengo mucho tiempo libre últimamente, la verdad. Pero tengo unos cuantos amigos con los que los fines de semana o algún día entre semana vamos a tomar algo. 

– ¿Estás satisfecho con esta parte de tu vida?

– ¿Con cuál? ¿Con los amigos? Sí, totalmente. Disfrutamos mucho juntos. 

– ¿Y con el trabajo?

– Con el trabajo también, supongo que sí.

– ¿Supones?

– Sí, supongo que sí, no sé es un trabajo fijo, tengo mi sueldo a fin de mes…

– Pero aún así no te hace feliz. 

– Exacto.

– Y ¿por qué este pensamiento ahora? ¿nunca te ha gustado tu trabajo o ha pasado algo?

– Sí, mi trabajo me gusta mucho, pero creo que aquí no me dejan hacer todo lo que me gustaría hacer. Me veo más atado y me gustaría hacer otras cosas. De hecho he buscado y me he puesto en contacto con otras empresas para trabajar con ellas y he recibido una oferta de colaboración de una de ellas. 

– ¡Oh! Pero eso es muy bueno, no? Te has movido porque lo que tienes no te hace del todo feliz, has buscado en otros lugares y te ha llegado algo, pero aún así sigues en un mar de dudas. 

– Sí. Es una buena noticia pero no es segura. El trabajo no es fijo. Se trataría de colaboraciones puntuales y me da miedo a perder lo que tengo y quedarme sin nada. 

– Vale. Si no me equivoco, te encuentras en una encrucijada. A día de hoy no te sientes bien en tu trabajo porque no tienes la libertad que te gustaría y  te ofrecen otro en el que si que te dan esa libertad pero no con una cartera de clientes sólida, sino que tendrías que crearla de cero. ¿Es así?

– Sí, es así. Tengo miedo a perderlo todo.

– Y por eso estás dudando. Pero, ¿crees que lo negativo a corto plazo puede revertir y a largo plazo ser mejor?

– Sí, creo que podría ir para mejor. Es una buena empresa y los clientes llegan continuamente. 

– ¿La falta de libertad de tu empresa podría cambiar o no? ¿Has intentado cambiar la situación otras veces?

– No, no podría cambiar. Lo he intentado muchas veces, he hecho propuestas, pero no han ido a ningún lado. Me han dado largas o directamente me han dado con la puerta en las narices. De hecho pienso que no soy tan bueno y que por eso debo quedarme aquí, porque en la otra empresa puedo fracasar con mucha probabilidad. 

– Digamos que la seguridad que tenías te la han minado. Ahora te sientes más inseguro, con más miedos, porque has visto que todo lo que proponías no iba adelante. Pero tu mismo sabes que no es así, que no es que tú seas un mal trabajador, si no que la empresa tiene unos protocolos muy rígidos en los cuales es muy difícil entrar. Tú te sientes capaz de cambiar, de ser libre y por ello has buscado un trabajo nuevo, pero te falta la seguridad de un sueldo fijo a fin de mes. Pero como bien dices el sueldo fijo puede llegar porque los clientes son muchos y podrías conseguir una cartera pronto. ¿Si te vas ahora de este trabajo dirías que estás huyendo o que estás mejorando?

– Diría que estoy mejorando.

– Dirías que estás mejorando. Perfecto. 

¿Qué opinas? Seguro que te has encontrado más de una vez frente a un dilema y solo has pensado en lo negativo de la situación, no has sopesado qué parte de positivo había en todo ello y no te has parado a pensar en que las soluciones que has podido plantear eran las mismas trabas ya que  no llevaban a ningún sitio.

¿Huyes o mejoras? Si se trata de una huida permanece y hazle frente. Si se trata de una mejora toma ese camino.

 

 

 

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