¿Me entiendes? No, sólo quiero tu cariño.

alzheimer“No, sólo quiero tu cariño”

¿Qué es el cariño? ¿qué es el amor? ¿qué son los recuerdos? ¿qué es el pasado? ¿qué es el presente? ¿quién es el protagonista? ¿quiénes son los protagonistas? ¿cómo te sientes hoy? ¿quién soy? ¿quién eres?

No sé.

“No sé”. Frase lapidaria. No nos gusta escucharla. Buscamos y queremos respuestas, pero de una persona golpeada por la enfermedad de Alzheimer o cualquier otra demencia, las respuestas se escapan y aparece el “no sé”. Ellos o ellas tienen problemas en recuperar información valiosa, se le escapan las respuestas, no recuerdan de qué estaban hablando, no recuerdan qué era lo que estaban haciendo aún teniendo una aguja e hilo entre las manos, no recuerdan qué moneda le tienen que dar al panadero cuando éste les dice: “1 euro”, no recuerdan para que servía una maquinilla de afeitar, no recuerdan quien eres aunque hayas compartido con él o con ella muchos años de tu vida, no recuerdan como se dice “hola”, no recuerdan como se cogía un tenedor, no recuerdan muchas e innumerables cosas, pero sí una de ellas. Saben que un abrazo, un beso y una sonrisa reconfortan. Saben y buscan el contacto físico amable. De eso no se olvidan.

Podemos entender la demencia teóricamente como esa pérdida progresiva de neuronas y conexiones, ese deterioro en los aspectos físicos, cognitivos y sociales de un individuo, que va pasando por diferentes fases y que puede durar meses, unos pocos años o muchos. Es una enfermedad muy larga, dura, difícil para el enfermo y para sus familiares. A veces, la persona es consciente de su enfermedad en las primeras fases y poco a poco va perdiendo el contacto con la realidad hasta no saber quién es. Su familia, sus cuidadores, la gente que la rodee, sí será consciente de ella, sabrá lo que le pasa, aunque a veces lo nieguen y no puedan comprender muchos de sus comportamientos. En el trabajo diario con estas personas, se entiende la enfermedad de una manera tremendamente humana. Sufren un retroceso y parece que en muchos aspectos vuelven a ser niños, pero no lo son. Son adultos y como tal hay que tratarlos. De nada sirve castigarlos por haber hecho algo mal. De nada sirve enfadarse porque no responden a lo que les pides. Es más, cuanto más alto sea el tono de tu voz, cuanto más perciban que estás enfadado, más se recogerán en sí mismos y menos respuestas darán.

¿Respuestas?

Sí, aquí vuelvo al punto de partida de la entrada. Tras un largo periodo de enfermedad las respuesta se apagan, pero queda una y es esa sonrisa o ese brazo extendido, o esa lágrima cayendo, o esa mirada fija en tus ojos, cuando les das cariño. Aquí, sí que te entienden.

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