S.O.S. Me ahogo.

Domingo, 18 de octubre del 2015, te levantas de la cama, te duele la cabeza, notas la mandíbula tensa, el cuerpo rígido, piensas: “me he levantado con el pie izquierdo”, “no tengo ganas de nada, aún por encima son las 11 y ya he perdido casi toda la mañana, no me dará tiempo a hacer todo lo que tenía que hacer, pero… ¿qué era lo que tenía que hacer?”, demasiadas cosas y a la vez nada, permítete descansar, desayuna tranquilamente y haz algo que te guste, “pero parece que últimamente no disfruto con nada”, piensa por qué, qué es lo que te frena a sentir, a disfrutar, a descansar, no es el mundo que está contra ti, quizás seas tú, tienes demasiadas cosas en la cabeza, pero, ¿qué es lo prioritario? ¿qué es lo más importante? ¿tu cuerpo no te estará queriendo decir algo, quizás?

STOPstop

Lee de nuevo las frases anteriores en voz alta, susurrando. ¿Te suena de algo esta retaíla de pensamientos?

El hecho de que te haya pedido que las susurres es para que visualices claramente como la mente no para de mandar mensajes, de decir cosas y en ocasiones todo es negro y nada es blanco, hasta el punto de que un domingo libre de trabajo el despertarse a las 11 de la mañana, es un día perdido. El problema, que al final no harás nada.

La ansiedad es así. Te hace sufrir, te hace sudar, te hace llorar, te hace gritar, te hace temblar, te machaca y te quita las fuerzas. Pero una vez que la conoces puedes jugar con ella.

Para movernos es necesario un punto de ansiedad. La ansiedad como tal no es mala, es un motor más que nos permite rendir. Por ejemplo, tienes un examen o un proyecto que presentar o una tarea pendiente, lo que quieras. Probablemente no prepares las cosas con muchos meses de antelación, sino que apretarás el rendimiento a medida que se acerque la fecha del examen o de la entrega. Esta ansiedad es beneficiosa. Te permitirá exprimir el tiempo al máximo. El problema viene cuando se pasa de rosca.

Hay momentos en la vida de una persona que se agolpan infinidad de tareas, de sentimientos, de problemas, de baches en el camino, y salvarlos se hace muy muy difícil. En estos momentos la cabeza suele estar más desordenada de lo habitual, se quieren abarcar muchas cosas, quizás para huir de los mismos problemas o porque realmente lo que provoca esa ansiedad es el hecho de que es obligatorio abarcar mil cosas a la vez. Aquí es cuando entra en juego el “orden de prioridades”. Es fundamental este orden. Y sobre el papel parece fácil, pero se hace muy difícil seguir un planning, para ello se necesita fuerza, se necesita fuerza para frenar esos pensamientos en forma de susurro que molestan día tras día, se necesita parar y respirar y se necesita apoyo.

Mi consejo, a grandes rasgos:

  1. Levántate de la cama cuando suene el despertador
  2. “Visualiza” esos pensamientos que se agolpan nada más despertar. Racionaliza.
  3. Toma 20 minutos mínimo para desayunar.
  4. Haz una lista de cosas que quieres o tienes que hacer ese día. Prioriza.
  5. Haz algún ejercicio de meditación o respiración durante 10 minutos al día.
  6. Socializa y haz algo de deporte a la semana (andar es suficiente). El apoyo social es fundamental para sentirte bien. Si tienes confianza con un familiar o alguna amistad cuéntales como te sientes.

Recuerda, la ansiedad es buena en su justa medida, cuando se pasa de rosca no interesa. Vuelve a empezar a leer la entrada susurrando. Ríete de esos pensamientos, aunque sea por un momento.

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