¿Hacemos autocrítica?

autocritica-1_edited¿El ser humano es egoísta por naturaleza? ¿La gente solo mira por sus propios intereses? ¿Se piensa en las repercusiones que puede tener una conducta propia sobre los demás? ¿Siempre tenemos la razón?

Tómate un minuto para responder a cada una de las preguntas anteriormente expuestas. ¿Tienes las respuestas? Pues ahora lee esto:

“Cuenta la historia que un muchacho tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa llena de clavos para que cada vez que perdiera la paciencia clavara uno detrás de la puerta. El primer día clavó 37. Las semanas siguientes fueron disminuyendo, pues resultaba más fácil controlar el mal genio que realizar la otra operación. Llegó el día en que pudo controlar su carácter. El padre le sugirió entonces que procediera a retirar los clavos cada vez que lograra controlarlo. Los días pasaron y el joven anunció al padre que ya no quedaban más clavos. El padre tomándolo de la mano le dijo: has trabajado duro hijo mío, pero mira esos hoyos, nunca más esa puerta será la misma. Cada vez que pierdes la paciencia dejas cicatrices exactamente como las que ves aquí. Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo de decirlo puede destruir a los demás y las cicatrices perduran para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física”.

Nuestra forma de actuar, nuestros comportamientos, nuestras palabras, siempre tienen una repercusión sobre la otra persona o grupo con el que estemos hablando o tratando. Pueden ser buenas o pueden ser malas, pero en muy contadas ocasiones pasan desapercibidas. En ocasiones hay una tendencia a no controlar las palabras, a soltar frases sin más, sin importar herir al otro, pues no se piensa en eso, nuestra intención no es esa, pero lo hacemos, puede que muchas veces, sin querer. Por supuesto, no se trata de medir cada una de las palabras que soltamos por la boca, sería imposible, pero sí que se trata de amoldarnos a las situaciones y personas que tenemos delante. Hay determinadas circunstancias en las que podremos comportarnos de esta manera más “libre”, puesto conocemos al otro y sabemos que lo que digamos lo va a entender y coger por el lado bueno, pero habrá otras, en las que nos pasemos de confianza y metamos la pata hasta el fondo, provocando algún sentimiento negativo de tristeza, rabia o enfado.

No obstante, por mucho que conozcamos al otro ¿podemos permitirnos el lujo de hablarle de cualquier manera? El exceso de confianza con los nuestros tampoco es bueno. Por ejemplo, parece que está permitido hablarle mal a la familia o levantarle la voz con frecuencia, puesto que nos conocen y sabrán que es fruto de un momento de calentón puntual. Pero ¡NO!, no todo vale. Los seres queridos también sufren y mucho, ante nuestros arrebatos de ira. En la adultez somos conscientes de qué puede ser lo que le haga daño a nuestra pareja, hermanos o hermanas o padres, entre otros parentescos, por lo que muchas veces se recurre a incidir sobre estos puntos débiles para hacer daño deliberadamente. Pero, ¿alguna vez te paraste a pensar en los huecos que dejan esos clavos?

Recuerda que a veces el silencio es la mejor respuesta. Calla, respira y piensa. Lograrás relajarte momentáneamente y mantener la cabeza fría para no herir sin más.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s