Pesimismo con un toque de humor

pesimismo

“La vida es un juego cuya primera regla es: esto no es ningún juego, esto es muy serio.”

Allan Watts

¿Qué opináis de esta cita? ¿Estáis de acuerdo en que la vida hay que tomársela tremendamente en serio o que es un camino muy difícil que recorrer en el que pesan más las pérdidas y los obstáculos que las victorias?

Hay una tendencia muy clara a presuponer las ideas propias como las únicas correctas, aunque se escuchen otras no tienen importancia o son menores, comparadas con los propios ideales. Últimamente se habla mucho de la inteligencia emocional, el saber gestionar las emociones y saber utilizarlas de una forma inteligente aprendiendo de los demás y de uno mismo, y viene muy a colación, ya que la convicción de que la única opinión correcta es la propia no indica más que la falta de dicha inteligencia. Cuando se adoptan estos esquemas de una forma rígida, se tienden a buscar soluciones a los problemas de una forma igualmente rígida, es decir, el aplicar una y otra vez una misma solución, no lleva más que a obtener fracaso tras fracaso, cuando esta solución nunca resultó beneficiosa. Pero, ¿qué se consigue con este comportamiento? Pues no más que regodearse de las propias desdichas, y ¿a qué lleva ésto? pues a un círculo vicioso en el que los demás (cómplices) se lamenten por la desgracia sufrida y se capte más atención, a la vez que no se toma ninguna decisión para cambiar dicha situación. Lo podemos ver en este ejemplo de una forma clara:

“La historia del martillo”

Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta el martillo. El vecino tiene uno. Así pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que se lo preste. Pero le asalta una duda, ¿qué? ¿y si no quiere prestármelo?. Ahora recuerdo que ayer me saludó un poco distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada, algo se le habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede negarse uno a hacer un favor tan sencillo a otro?. Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Solo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo.

Así, nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir “buenos días”, nuestro hombre le grita furioso: “¡Quédese usted con su martillo, so penco!”.

Tomado de “El poder de amargarse la vida” – Paul Watzlawick

Seguro que esta historia haya producido alguna sonrisa de asentimiento. El envenenamiento de las propias palabras y los propios pensamientos. Si estamos tranquilos pero nos apetece enfadarnos con el mundo o con alguien solo basta con crear una historia ficticia y repetirla para creérnosla al 100% y alimentar nuestra ira. Si esto además, volviendo al comentario previo a la historia, se lo contamos a alguien de nuestro entorno, se lo creerá y alimentaremos nuestro enfado, hasta decirle al vecino, que es un sinvergüenza.

Otro ejemplo de nuestra cabezonería diaria es el tema de las alternativas. En una pareja por ejemplo, uno de los dos es tremendamente negativo pero le apetece hacer algo diferente, así que le propone al otro dos opciones, ir al cine o ir a dar un paseo por la montaña. La opción escogida es ir al cine ya que recordaba que el otro o la otra había comentado que le apetecía ver el nuevo estreno de cartelera, pero, por supuesto, no es correcta la opción elegida: “¿qué pasa? ¿no tienes ganas de hablar conmigo así que escoges un plan para librarte?”, pero si hubiera escogido la opción de la montaña, el reproche sería “no prestas atención a nada de lo que digo, había comentado que me apetecía ver la nueva peli, ¿a que no te acuerdas?”

En definitiva, si quieres amargarte la vida lo tienes fácil, sé negativo o negativa hasta le médula, no aceptes nada de lo que los demás digan, piensa siempre que detrás de cada acción hay una conspiración contra ti y por supuesto, analiza bien esto, cuando vayas conduciendo y a un peatón se le de por ponerse a cruzar en un paso de cebra sin semáforo justo cuando tú llegues, es para fastidiar, nada más.

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