Ansiedad

Jamás en mi carrera había experimentado nada parecido. Estaba totalmente fuera de mí. Y no conseguía comprenderlo.

Greg Norman, en Golf Magazine, tras perder una gran ventaja en el Masters de 1996.

¿Sabrías definir la ansiedad? Una definición simple sería la siguiente: miedo irracional. No se trata de un miedo a aspectos o situaciones reales sino una anticipación a una situación imaginaria o a una exageración de los “podría  pasar” de algo real.

La ansiedad se puede manifestar en forma de fobias, de obsesiones y compulsiones, de miedo a la separación, en sintomatología física, etc.

¿Qué piensas si tu mejor amigo te dice que tiene miedo a coger un avión? ¿o que tiene miedo a vomitar? ¿o que tiene miedo a los espacios cerrados? ¿o que le da miedo hablar en público?

Puede que automáticamente le digas: “no te preocupes, sabes que tan pronto pase eso que temes te darás cuenta de que no es tan malo”. A lo que tu amigo te responde: “lo sé, pero no puedo afrontarlo, me da pánico” y tú sigues insistiendo en la exposición a todas esas cosas para lograr la superación, pero al no lograr su tranquilidad te sientes frustrado y no comprendes nada de lo que le pasa.

Tu amigo o tú mismo (ya que alguno de estos rasgos pueden formar parte de ti también) sabéis que todos los temores y las dudas que inundan la mente son falsos, que efectivamente enfrentándose a lo temido se supera, pero a veces, no se sabe cómo hacerlo. A veces hay muchas preguntas en la cabeza de una persona que no tienen respuesta y hasta que no se encuentran no se produce la liberación. Y la pregunta más simple es ¿por qué me pasa ésto? ¿soy débil? Enfréntate.

George Miller Beard decía “la carrera de la vida consiste solo en prisas e inquietud“. Yo, muchas veces enfatizo la idea de que vivimos en un mundo de presión constante. Ser el mejor en un campo es fundamental para triunfar, saber más idiomas que el otro es clave, estar más formado es ideal. Efectivamente, todas estas cosas son buenos recursos para crecer como personas, pero hay que saber dosificar, saber quién es quién, cuales son los puntos fuertes y débiles de una persona y empezar a crecer, no angustiarse por no ser como el otro, ya que cada uno tiene sus cualidades y aptitudes, que por supuesto hay que desarrollar. Pero entonces, ¿la ansiedad es génetica o ambiente?

No voy a ser reduccionista, y por supuesto que la ansiedad es un compendio de ambas. Algo de predisposición genética tiene, pero también aparece modulada por el ambiente. Una persona puede tener un código genético que indica una personalidad inhibida, que si su ambiente refuerza positivamente sus conductas en repetidas ocasiones no se tiene porque mostrar temeroso y al revés. Hablando en términos psicodinámicos, si una persona nace en un ambiente en el que sus padres muestran una conducta tremendamente inhibida, con multitud de miedos y por tanto se lo trasladan a ella en excesiva sobreprotección o trasladando sus miedos al hijo o a la hija, puede ser que este/a último/a acabe desarrollando los mismos miedos u otros parecidos, que los de sus progenitores.

Si acudes al médico de cabecera con sintomatología física tipo: palpitaciones en el pecho, sudoración, mareo, ganas de vomitar, despersonalización… Automáticamente te diagnosticará como “cuadro ansioso” y te dará algún medicamento para calmarlos. Pero, he aquí el dilema de siempre, ¿son eficaces? La respuesta es rotunda: ¡¡NO!!

La medicación, claro está, ayuda a mitigar momentáneamente dicha sintomatología, pero no impide que vuelva a ocurrir el mismo episodio en otro momento. Una pastilla no da herramientas para enfrentarse a un problema, simplemente actúa como sedante para parecer que estás más tranquilo en el momento de la crisis, pero esas ideas irracionales siguen ahí.

Quizás miremos atrás dentro de ciento cincuenta años y veamos los antidepresivos como un peligroso y  siniestro experimento.

Joseph Glenmullen, Prozac Backlash (La resaca del Prozac, 2001)l

Hay multitud de terapias enfocadas a reducir la ansiedad, desde las más clásicas, psicoanalíticas, por ejemplo, a las más modernas, como la basada en movimientos oculares para determinadas formas de ansiedad. Pasando por pautas muy de moda últimamente como son las basadas en la respiración y la atención plena (yoga o mindfulness) o el ejercicio físico aeróbico para liberar tensión y seguir acompasando la respiración.

A cada persona y dependiendo de cada problema, unas u otras técnicas le van a beneficiar más, le van a ayudar a enfrentarse a esa situación temida o a esos miedos sentidos con energías renovadas para hacerle frente. No debemos de olvidar que un nivel moderado de ansiedad ayuda a desenvolvernos mejor y a rendir más, pero cuando ese nivel es excesivo lo que produce es un bloqueo, que nada ayuda a crecer. Siguiendo a Bandura, la autoeficacia es el mejor camino para superar la ansiedad. La repetición de conductas temidas con resultados positivos crea una muralla contra la ansiedad o depresión.

Mi ansiedad sigue siendo una herida no curada que, a veces, me frena  y me llena de vergüenza, pero también puede ser, al mismo tiempo, una fuente de energía capaz de conceder ciertas bendiciones.

(Scott Stossel – Ansiedad, 2014)

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