¿Qué pasa cuando digo SII?

Intestino irritableLas siglas del título, SII, significan Síndrome de Intestino Irritable, también conocido como colon irritable. Es la principal causa de consulta ambulatoria del aparato digestivo, con un  70% de los pacientes demandantes de asistencia y hasta un 25% de los que acuden a una consulta de medicina general. En la población general, entre un 8 y un 25% tienen síntomas compatibles con el SII, afectando más a mujeres entre 20 y 50 años, pero… ¿qué significa?

El SII, siguiendo a Drossman (2006) es el trastorno digestivo funcional más frecuente y de mayor trascendencia. De curso crónico y recidivante, el SII se caracteriza por un conjunto de síntomas gastrointestinales y extradigestivos entre los que son definitorios el dolor o malestar abdominal aliviado por la defecación y/o asociado con un cambio en la frecuencia o consistencia de las heces.

La sintomatología es heterogénea, en cada persona se manifiesta de una manera e incluso el curso en una misma puede ser variable, no mostrando siempre los mismos síntomas a lo largo del tiempo.

Por lo general, lo definitorio es el dolor abdominal y las alteraciones de los hábitos intestinales. Ocasionalmente, este dolor se agrava con las comidas y por lo general, en situaciones de tensión emocional. También pueden aparecer náuseas, vómitos, sensación de saciedad precoz o pirosis. Entre la sintomatología extradigestiva está la astenia, pérdida de concentración, cefaleas, palpitaciones, lumbalgias, fibromialgias o fatiga crónica.

No se conoce la causa del SII, pero viendo los síntomas, muchos clínicos mantienen la opinión de que el trastorno es psicológico y subrayan la importancia de los factores emocionales en su patogenia. Siendo, la ansiedad y depresión, junto con rasgos neuróticos las alteraciones más comunes encontradas en estos pacientes. Se habla de “comportamiento aprendido de enfermedad crónica” caracterizándose por una continua preocupación por los síntomas, tematizándolos en todas las conversaciones o marcándolos como referente en todas su actividades cotidianas, además de ser frecuentes las visitas al médico, realizadas por estos pacientes.

Los síntomas son reales, existen, la persona sufre y no sabe cómo hacer para eliminarlos o al menos suavizarlos, para no monopolizar su vida y llevar un curso normal como llevaba antes de la enfermedad.

Viendo el fuerte componente psicológico y aprendido del mismo, hay que romper ese condicionamiento. ¿Cómo?

El tratamiento debe ser conjunto entre médico y psicológico, primando este último. ALivio síntomas

El tratamiento médico principalmente se apoya en antiespasmódicos, por lo que suavizan las contracciones del colon y por tanto alivian los síntomas. Pero muchos pacientes no refieren una mejoría sustancial del problema.

El tratamiento psicológico es fundamental. Desde una perspectiva cognitivo-
conductual, y sabiendo que el estrés es una de las bases del trastorno, el manejo del mismo es fundamental. A continuación apunto los tratamientos más beneficiosos:

  • Relajación muscular y respiración: al reducir la tensión física y emocional se logra cambiar el foco de atención y lograr un alivio sintomático.
  • Afrontamiento: al aprender a identificar las situaciones generadoras de ansiedad y con la práctica de relajación en dichos momentos, así como aprendizaje de solución de problemas, habilidades sociales, reestructuración cognitiva se conseguirá minimizar el impacto hasta eliminarlo por completo.
  • Manejo de contingencias: con la participación de familiares y cercanos, se aplicará la extinción de comportamientos y verbalizaciones relacionadas con la enfermedad, minimizando la importancia dada a los síntomas y centrándose más en la mejoría que en las complicaciones.

Está comprobado como la eliminación de conductas de enfermedad y atención por los síntomas junto con la concurrencia de ansiedad, consigue una reducción sustancial de los síntomas.

Otra parte importante son los hábitos de vida. Como siempre, han de ser saludables, pero aquí se han de cuidar más si cabe, con la reducción de exceso de grasa en las comidas o alcohol, por ejemplo. Muchos pacientes refieren empeoramiento de los síntomas al ingerir ciertos alimentos. No obstante, la dieta a de ser variada y equilibrada y adaptada a cada persona.

Por su parte el ejercicio físico es también un buen aliviado. Reduce el estrés y la ansiedad y actúa como un cambio en el foco de atención. A la vez que mejora el tránsito intestinal, ayudando a evitar el estreñimiento, por ejemplo.

El síndrome de intestino irritable o colon irritable, es crónico. Las personas lo viven como una montaña rusa, con subidas y bajadas, con mejorías y retrocesos, con periodos de síntomas intensos y otros menores o prácticamente inexistentes. Lo importante es no dejarse llevar por los síntomas, aprender a vivir con ellos. En situaciones de estrés o en ambientes incómodos, se agravan, pero en el momento en el que el cuerpo reaccione hay que cambiar el foco. En una situación comprometida, como puede ser la sala de espera del médico, la entrada a un examen o simplemente la cola en un supermercado, con el simple gesto de control de la respiración, se puede reducir el malestar. No es un camino fácil, es largo, cuesta mucho trabajo y empeño, pero el afrontamiento a las situaciones comprometidas y la realización de estos simples gestos (que de simples no tienen nada) se logra tener un ritmo de vida normal y satisfactorio.

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