Día Mundial del Alzheimer

Alzheimer¿Qué es el Alzheimer?

Si nos guiamos por la definición publicada en la CIE-10 (décima edición de la clasificación internacional de las enfermedades mentales) por la Organización Mundial de la Salud, es la siguiente:

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad degenerativa cerebral primaria, de etiología desconocida que presenta rasgos neuropatológicos y neuroquímicos característicos. El trastorno se inicia por lo general de manera insidiosa y lenta y evoluciona progresivamente durante un periodo de años. El periodo evolutivo puede ser corto, dos o tres años, pero en ocasiones es bastante más largo. Puede comenzar en la edad madura o incluso antes, pero la incidencia es mayor hacia el final de la vida. En casos con inicio antes de los 65-70 años es posible tener antecedentes familiares de una demencia similar, el curso es más rápido y predominan síntomas de lesión en los lóbulos temporales y parietales, entre ellos disfasias o dispraxias. En los casos de inicio más tardío, el curso tiende a ser más lento y a caracterizarse por un deterioro más global de las funciones corticales superiores”.

En España hay alrededor de 600 000 personas afectadas por esta enfermedad. De un 5 a 7% de la población mayor de 65 años, llegando al 25% en los mayores de 85 años.

El nombre de la enfermedad se debe a Alois Alzheimer, nacido en el año 1864 en Alemania. Fue un conocido neurólogo que en el año 1907 publicó el caso de una mujer de cincuenta y un años cuyas facultades intelectuales se habían visto mermadas a lo largo de 4 años. Al realizar la autopsia encontraron en su cerebro unas placas de amiloide en el hipocampo (estructura relacionada con la memoria) y en la corteza (pensamiento) así como ovillos neurofibrilares en el interior de las neuronas. Dos de los signos característicos de dicha enfermedad.

Como vimos en la definición publicada por la OMS, el curso es lento e insidioso, en el que la persona va perdiendo sus facultades poco a poco. Primero se olvida de los hechos recientes, de lo último que ha aprendido y poco a poco va avanzando. Siguiendo a Jacques Selmes, la evolución de la enfermedad la podemos asimilar a un niño. El niño desde que nace hasta que va creciendo va aumentando capacidades, pero el aquejado por el Alzheimer las va perdiendo. El primer estadio se podría comparar a un niño de 8 a 12 años; el segundo a un niño de 4 a 7 años y el útimo a un lactante, desde que nace hasta los 3 años.

La pérdida de memoria se agrava progresivamente y se asocia a trastornos del comportamiento. El lenguaje se hace difícil, la coordinación de los gestos está alterada y las actividades diarias cada vez más mermadas. Por eso el apoyo y ayuda de su entorno se hace fundamental, ya que no se valdrá por si mismo para muchas tareas muy pronto.

Y aquí entra en juego la figura del cuidador, ¿qué pasa con él?.

cuidadores

La mayoría de los afectados por esta enfermedad viven en sus domicilios y están bajo el cuidado de familiares. Según datos del IMSERSO 2007, sólo un 4% de nuestros mayores viven institucionalizados. Suelen ser la pareja, hija o nuera por este orden, las que toman las riendas de los cuidados. Se convierten en el eje fundamental de las políticas sociales basadas en el envejecimiento en casa, tal y como defiende la ley de Promoción y Autonomía personal y Atención a las personas en situación de Dependencia, publicada en el BOE el 15 de diciembre del 2006. A la vez que cubren  muchas lagunas y carencias del sistema socio-sanitario español. El trabajo de los cuidadores informales le supone un ahorro al Estado de 4 850 millones de euros (Rodríguez y Codorniz, 2002).

Para completar la citada ley, hay muchos recursos a los que los cuidadores pueden echar mano, como son los servicios de atención domiciliaria (SAD), los sistemas de atención sociosanitaria (PADES y UFISS), los centros de día o los programas de descanso familiar.

En un estudio llevado a cabo por Aymerich et al, en el año 2005, los cuidadores familiares valoran estos recursos positivamente, aunque con muchos peros, principalmente referidos a la escasa divulgación de los mismos y al problema en horarios, número de profesionales dedicados a los mismos y en el tiempo de atención, considerándolos insuficientes e incapaces de lidiar con los horarios laborales, teniendo en la mayoría de los casos que dejar sus puestos de trabajo para dedicarse por completo al cuidado del mayor, con la consiguiente merma económica y emocional.

Por tanto, tanto la figura del enfermo, como la del cuidador son muy importantes y aún queda mucho por hacer en este terreno. Más que recortar en materia de salud mental es necesario invertir e informar.

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